“No se trata de un afán conservacionista; estamos hablando de agua”.

Quintana advirtió que en el siglo XX la extensión mundial de estos ecosistemas disminuyó hasta 71% y consideró que el agua está empezando a ser un recurso crítico. El proyecto de Ley que se debate en el Congreso sería un gran avance, pero habría que analizar algunas cuestiones.

Doctor de la Universidad de Buenos Aires (Ciencias Biológicas), especializado en Ecología, desde 1986 Rubén Quintana viene realizando estudios en el Delta del Paraná y en otros humedales de la Argentina. Actualmente es “Experto Científico” del Grupo de Examen Científico y Técnico de la Convención Internacional sobre los Humedales (Ramsar, Irán, 1971) y miembro de la Comisión Asesora sobre Biodiversidad y Sustentabilidad del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación.

Quintana participó de programa “Futuros” de la Universidad Nacional de San Martín, donde se debate sobre las nuevas tecnologías y los desafíos que enfrenta la humanidad. En 2016, el tema “Agua + Humedales” promueve la reflexión y el debate sobre la situación actual y futuro del agua en el mundo y especialmente en Latinoamérica atendiendo a las relaciones, impacto y alcance de la tecnología.

– ¿Por qué considera que se eligió al agua y a los humedales para comenzar a realizar el programa Futuros en 2016?

– Estamos en un punto de la historia en el que el agua está empezando a ser un recurso crítico. Si no cuidamos los humedales y si no aprendemos a manejarlos de un modo sustentable, en el futuro vamos a tener graves problemas de abastecimiento, sobre todo en las tierras secas. No se trata de impulsar un afán conservacionista porque sí, estamos hablando de agua.

Los humedales son los ecosistemas del planeta que más servicio brindan a la humanidad y, si bien todos los ecosistemas proveen a la naturaleza, en el caso de los humedales dan un servicio crucial que es el agua y su purificación. No podemos perder de vista esto.

– Entonces, su tema de investigación son los humedales ¿Cuál es la situación actual de estos ecosistemas?

– Los humedales brindan grandes beneficios al hombre pero, sin embargo, tienen muy mala prensa. Suelen estar asociados a cuestiones negativas y son muy mal vistos. Se cree que son zonas improductivas, llenas de mosquitos, que crían plagas. En general, el planteo es que estas tierras no sirven para nada, que hay que transformarlas y hacerlas útiles para algo. Pero, por el contrario, los humedales son fuentes de agua, no sólo por la cantidad que tienen en sí mismos, sino porque cumplen otro servicio, que es el de la purificación hídrica.

En el mundo, una gran cantidad de humedales se han perdido o degradado. Las últimas evaluaciones dan cuenta de que en el siglo XX la extensión mundial de los humedales disminuyó entre un 65 y un 71 % y la pérdida aún continúa a escala global, a una tasa estimada de hasta el 1,5 % anual, dependiendo de la región.

– ¿Cuáles son los temas vinculados con la agenda política que no pueden dejar de faltar respecto de los humedales?

– Existe una constante y es que hay problemas en distintas partes del país con diferentes tipos de humedales. Hay problemas de urbanización que afectan a los humedales costeros y fluviales, se registra extracción de turba en las turberas de Tierra del Fuego, en los mallines de Patagonia están sacando suelo para hacer ladrillos. En un ambiente donde el agua es escasa, los humedales son reservorios. En la Patagonia extra-andina, en la zona de estepa, los mallines son importantes para el agua y el forraje para el ganado, y si uno los degrada o los elimina, afecta también otras actividades. Otros humedales están siendo afectados por la actividad minera a gran escala.

Al mismo tiempo, se reducen los humedales de la zona del Delta. En nuestro país ha comenzado un proceso grande de transformación de humedales en los últimos 20 años, conforme al cambio del uso del suelo. El aumento de la superficie de soja en la región pampeana, que ocupó gran parte de las tierras de pastoreo, hizo que el ganado sea desplazado hacia otras áreas que tenía menor aptitud agrícola. Entonces, por ejemplo, en los humedales fluviales del Paraná, particularmente en el Delta, hubo un aumento muy fuerte de la carga ganadera.

En el año 1997 se calculaban unas 160 mil cabezas de ganado y en 2007 hubo un pico cercano a los 2 millones. Ahora está más o menos en 900 mil o un millón, de acuerdo a los últimos datos a los que tuve acceso. Esto implica no sólo la llegada de una gran cantidad de animales sino también un cambio en el modo de manejo. Tradicionalmente, el ganado entraba en las épocas de aguas bajas y salía en la de aguas altas. Ahora se queda todo el tiempo con lo cual es necesario hacer obras de infraestructura para manejo de agua y eso afecta toda la dinámica del humedal. –

Actualmente en el Congreso se debate una Ley de protección de los humedales. ¿Qué opinión tiene al respecto y cuáles son los desafíos hacia delante?

– El proyecto de Ley es gran un avance en el sentido del reconocimiento a los humedales, como ecosistemas de importancia que deben ser preservados y manejados de modo sustentable. Pero creemos que algunas cuestiones deberían ser analizadas, como el punto que refiere a su ordenamiento territorial, como ya se hizo en relación a los bosques y a los glaciares. En este caso puntual, se debe tener en cuenta lo que pasa alrededor. Es decir, debe mirarse integralmente porque, por ejemplo, si un humedal está dentro de una zona de matriz agrícola, claramente va a estar influido por esa producción. No basta con saber dónde están los humedales y qué superficie tienen, sino qué es lo que los rodea. Lo que decimos desde la universidad es que se debería encarar un ordenamiento territorial global, que considere todos los ecosistemas y todos los tipos de uso del suelo.

Otra cuestión es que la ley especifica que debe realizarse un inventario de humedales y eso es algo muy complejo. Por un lado, por la diversidad de humedales que hay y por otro, porque no están claros los criterios para establecer hasta dónde el humedal llega. A su vez, existe la experiencia de lo que sucedió con la Ley de Bosques. Mientras se hacían los inventarios, las transformaciones avanzaban y lo hacían muy rápido, porque el objetivo era desmontar antes de que la zona quedara protegida por el ordenamiento. Existe un alto riesgo de que suceda lo mismo en este caso.

La idea de la ley no es proteger los humedales y que no se pueda hacer nada en esas zonas, sino promover que se utilicen de un modo sustentable. De otro modo, son las mismas producciones las que se terminan perjudicando. Por ejemplo, este año tan húmedo en el sur de Entre Ríos, los mismos productores que hicieron diques terminaron damnificados porque se vieron desbordados y la tierra se inundó.

Nota: Juan Repetto