Cómo trabaja un equipo interdisciplinario de profesores de la UNSAM junto a la comunidad de escuela ubicada en el área del Río Reconquista, para evaluar el estado del agua, el suelo y los sedimentos fluviales, y ofrecer soluciones de remediación.

Un equipo interdisciplinario de investigadores y docentes de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) desarrolla acciones de investigación y remediación de la contaminación de agua, suelo y sedimentos fluviales en la cuenca del Río Reconquista, enfocado en el barrio Cárcova, donde se estableció un laboratorio de la universidad en una escuela para trabajar de un modo participativo con alumnos, docentes secundarios y vecinos.

Los resultados de esta experiencia fueron expuestos en el Programa Futuros, organizado por la Fundación Funintec de la UNSAM. Al frente de la iniciativa están Silvia Grinberg, investigadora de Conicet, docente de la Escuela de Humanidades y directora del Centro de Estudios en Pedagogía Contemporánea (CEPEC); Gustavo Curutchet, investigador del Conicet, profesor asociado de la Escuela de Ciencia y Tecnología y del Instituto de Investigación e Ingeniería Ambiental (3iA); y Ricardo Gutiérrez, profesor de la Escuela de Política y Gobierno. Los secunda un equipo también multidisciplinario de 20 investigadores y profesionales, así como los propios vecinos de Cárcova.

“Este es un proyecto que desarrollamos hace nueve años, de un modo interdisciplinario. Tiene como eje la pobreza y el ambiente. El campo de investigación empírica se desarrolla en los laboratorios de la UNSAM y en el área del Río Reconquista, en las zonas más empobrecidas”, explicó Grinberg.

“Se trata de un estudio complejo y multidisciplinario que aborda cómo se entrecruzan y se produce, desde un abordaje social, de la bioquímica, la biotecnología y la política, la cuestión ambiental en los barrios más empobrecidos de la urbe metropolitana, con una mirada desde la perspectiva de los sujetos”.

En 2008, esta visión dio origen al Observatorio Ambiental Cárcova, cuya sede se ubica en la Escuela Secundaria N° 40, Barrio Carcova, de José León Suárez. Allí, profesores y becarios de doctorado de la UNSAM llevan adelante investigaciones en conjunto y de manera colaborativa con docentes y estudiantes del barrio.

“Hay dos niveles de trabajo – explicó Curuchet-. Uno es educativo, que se realiza con los alumnos de la escuela e incluye la toma de muestras de agua, suelo, sedimentos. El otro nivel son el trabajo a campo y las experiencias de investigación que hacemos en el Instituto para determinar el estado de la contaminación, el impacto en la población y las posibilidades de remediación”.

“Son los sujetos quienes viven a diario estos procesos y perciben cómo los afecta. Ellos también identifican qué es aquello que los atraviesa, participan en la formulación de los problemas e informan acerca de la contaminación”, agregó Grinberg.

A la vera del señor

“El Reconquista es un río que está a la vera del señor”, así describió la profesora de la UNSAM el estado de las aguas y las políticas públicas que no llegan a ofrecer una solución para los barrios que son afectados por los altos niveles de contaminación.

“En general, muchas veces se piensa la contaminación en los barrios más pobres como algo que ocurre ahí. Uno ve el barrio, relaciona la pobreza con la contaminación, y piensa que es un problema local. Sin embargo, todos los trabajos que venimos haciendo dan cuenta de cómo esa contaminación, que afecta a la salud, a la vida cotidiana y al bienestar de los vecinos de ese barrio, en muchos casos se produce aguas muy arriba”, dijo Grinberg.

En este sentido, Curuchet coincidió: “El río recibe contaminación domiciliaria e industrial de todos los partidos de la cuenca, pero no sólo de los barrios periféricos, sino fundamentalmente de la zona alta urbanizada. La contaminación es muy grande. Uno de los marcadores de la salud del agua es el oxigeno disuelto, que tiende a cero en muchos lugares”.

Además, advirtió sobre la contaminación industrial, que no está presente en el agua: “Muchas veces la contaminación se va a acumulando en los sedimentos y ahí es donde aparecen niveles de metales muy altos, como los que encontramos en el arroyo que pasa por La Cárcova, que históricamente fue un conector pluvial que viene aguas arriba del partido de San Martín”.

“La gente suele llamarlo zanjón porque efectivamente, dada la sedimentación de todos los contaminantes en ese arroyo, se transforma en un zanjón”, añadió Grinberg.

Los primeros muestras de sedimentos en ese lugar se tomaron en 2010 y en la actualidad siguen estando en los mismos valores. Pero eso si bien desde el Observatorio buscan ofrecer alternativas de saneamiento, no dejan de advertir que los alcances de estas acciones son relativas, si la evidencia muestra que en estos seis años no se dejó de contaminar.

“Desde el laboratorio de la UNSAM estamos avanzando en experiencias piloto de remediación en el laboratorio, en la escuela y en el barrio, monitoreado por la comunidad. La idea es comprender cómo funciona la contaminación para aprovechar los mismos mecanismos que tiene el río para hacer su atenuación y generar acciones de remediación amigables con ambiente, basados en la microbiota nativa del lugar y en proyectos no faraónicos, sino en cosas que sean posibles”, concluyó Curuchet.

Problemas de salud

Existen múltiples problemas de salud en la población, aunque los investigadores advierten que los orígenes no siempre son tan lineales. “Es muy difícil hacer un estudio epidemiológico que sea muy certero. Pero lo que sí encontramos es que estos sedimentos, cuando quedan secos en la orilla del río, tienen partículas que potencialmente son de un tamaño que pueden afectar pulmones”, dijo Curuchet.

Entonces, cuando esto se seca con una alta concentración de metales -como encontramos en casas dentro de La Cárcova luego de la inundación de 2013-, esos sedimentos contaminados con partículas metálicas producen un estrés oxidativo tremendo. Esto fue comprobado en células experimentales, en un trabajo que publicamos hace unos años: La potencialidad del impacto existe, aunque no tenemos estudios epidemiológicos”, aseguró.

Nota: Juan Repetto